Del viejo pasquín romano a agitar conciencias en la oficina. Nace «Todo Palante»

Hay una necesidad humana muy antigua, casi primaria, de contar todo aquello que nos pasa. Cuando quienes tienen el poder hacen oídos sordos o las injusticias se normalizan en el día a día, los de abajo siempre han encontrado la manera de alzar la voz. Hoy, la plantilla de Abante Servicios da un paso más en esa larga tradición. Nace Todo Palante, nuestro propio periódico sindical. Una publicación trimestral que no busca ser un simple montón de hojas o un frío PDF en la pantalla, sino algo mucho más profundo: un instrumento de comunicación propio, hecho por y para todos nosotros.

Para entender el inmenso valor de este tipo de medios, a veces ayuda viajar un poco en el tiempo. Imaginemos la Roma del siglo XVI. El pueblo llano sufría en silencio los abusos, la arrogancia de los papas y los caprichos de los nobles. Quejarse en voz alta era un pasaporte directo al calabozo o algo peor. ¿Qué hicieron los ciudadanos? Empezaron a pegar papeles con versos anónimos en una vieja estatua mutilada que asomaba cerca de la Piazza Navona. A esa estatua la bautizaron como Pasquino, y de ahí nació la palabra «pasquín». Al amparo de la noche, los romanos utilizaban la ironía y la denuncia para sacar a la luz las miserias de los poderosos. Era su forma de decir: sabemos lo que hacéis y no nos vamos a callar. Fue la comunicación convertida en escudo y también en una poderosa arma –no debemos olvidar a Edward Bulwer-Lytton y su conocida frase «la pluma es más fuerte que la espada».

Si damos un salto en la historia y nos venimos a la España de entre 1918 y 1936, el papel de la palabra escrita se vuelve aún más vital y descarnado. Fueron años de plomo, de huelgas, de una inestabilidad brutal y de condiciones de trabajo que hoy nos parecerían ciencia ficción. En medio de aquella tormenta, la prensa obrera luchaba día a día por salir a la calle. Pensad en aquellos trabajadores, a menudo sin apenas recursos, imprimiendo periódicos en sótanos húmedos, haciendo colectas para poder pagar la tinta y el papel, esquivando la censura, la persecución y la represión constante.

Aquellas publicaciones, que pasaban de mano en mano y a escondidas en las fábricas y en los tajos, no se hacían solo por un afán informativo. Era supervivencia. Aquellos periódicos servían para que el obrero de Barcelona supiera que el minero de Asturias estaba sufriendo exactamente lo mismo que él. Creaban conciencia, unían a plantillas fragmentadas y, sobre todo, recordaban algo fundamental: nadie está solo cuando tiene a compañeros al lado.

Hoy, por suerte, no tenemos que escondernos en la noche romana ni huir de la censura a punta de pistola. Sin embargo, las dinámicas de poder siguen ahí. En Abante Servicios nos enfrentamos cada día a problemas que muchas veces se viven en una profunda soledad. Detrás de cada monitor, de cada auricular y en cada jornada, hay compañeros lidiando con decisiones incomprensibles, con derechos que parecen esfumarse de manera unilateral o, simplemente, con la frustración de no sentirse escuchados. El aislamiento del día a día nos hace creer a veces que nuestros problemas son únicos.

Para romper ese aislamiento nace Todo Palante. Cada tres meses, este diario llegará a vuestras manos para recoger el testigo de aquellos viejos pasquines y de aquella valiente prensa obrera. Queremos que sea un medio donde exponer los problemas reales de nuestra plantilla, un foco que ilumine las zonas oscuras de nuestro día a día laboral. Cuando la información fluye, el miedo y la incertidumbre desaparecen.

Os invitamos a leerlo, a compartirlo y a hacerlo vuestro o de otros a los que, quizás, les ayude ver que no están solos. Nosotros, desde CCOO, seguimos. Todo palante.

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